
Jakobson desoyó a Saussure siendo seguidor suyo. Su esquema de la comunicación supuso que la lingüística pasara de dos a tres dimensiones al colocar los enunciados (mensajes para él) dentro de una situación comunicativa en la que intervienen más elementos, algo cualitativamente distinto, lo que yo llamo la 3º dimensión del lenguaje. Sin embargo, este esquema, tal como machaconamente se presenta en los libros de texto, no resiste la más mínima prueba cuando, ante cualquier ejemplo, hay que analizar sus elementos por separado. Especialmente cuando se aplica a ejemplos no lingüísticos, porque no hay que olvidar que el esquema tiene validez universal para todos los ámbitos de la comunicación.
Con los ejemplos lingüísticos, que son los que ponen los libros, el problema se encubre mejor. Es lo que pasaba antes de Saussure, por la ambigüedad del término palabra (en Jakobson, mensaje). Llamábamos palabra indistintamente al significante, al significado y al conjunto de ambos. Justamente esta ambigüedad ha permitido que el esquema sobreviva sin revisión alguna. Esta misma estructura tenía que haberse reflejado en el mensaje (para mí enunciado) y no lo hizo. Esto es lo que proponemos siguiendo a Saussure para modificar el esquema de Jakobson:
Que el mensaje se desdoble en enunciado y señal (soporte físico). Tendriamos tres elementos semejantes al esquema de Saussure (signo, singnificante y significado).
Si no separamos el soporte físico del contenido, no tendremos claro qué es el canal. Lo que viaja no es el mensaje, es el enunciado o significante, aspecto éste que parece ignorar Jakobson. El significado no “viaja” ni tampoco “viaja” el código. El significado o mensaje para nosotros se descodifica gracias al código dentro de nuestro cerebro. El código no es algo externo y virtual que flota en el ambiente; es una estructura mental común a todos los hablantes pero ubicada fisiológicamente en el cerebro de cada uno de nosotros, que es donde se codifica y se descodifica todo.
¿Qué es lo que hacen los libros de texto escolares y manuales universitarios?
Reproducir de forma acrítica un esquema que confunde más que ayuda a explicar la propia teoría en la que se basa. Y esta paradoja tiene que servir de reflexión del modo cómo se transmite la cultura y la ciencia. Sometamos la teoría a la prueba de un ejemplo:
Un perro que guarda una finca privada ladra a un extraño que se acerca.
Código: un código de experiencia que permite interpretar que el perro nos amenaza con los ladridos, Lo que permite asociar los ladridos con la amenaza.
Enunciado: No entres, que te muerdo.
Señal: Los ladridos

No hay nada que sepa peor que darse cuenta de que a uno le han engañado, y más cuando se es adulto. Cuanto más se repiten las cosas más inconscientemente se hacen y aquí tenemos un ejemplo. Cuando estamos delante de una oración ya no nos encontramos con un sintagma y su núcleo correspondiente, que es lo que habitualmente pasa con los sintagmas nominales, adjetivales y adverbiales. Ahora nos encontramos con un conocido binomio que parece ser incuestionable: dos sintagmas exocéntricos que concuerdan en número y persona", me decían cuando estudiaba. Parecía que era imposible cuestionarse el binomio. En apoyo de esta estructura siempre venía muy bien recurrir a otras lenguas próximas y prestigiosas: no se podía prescindir del sujeto::

